miércoles, 19 de abril de 2017

Capítulo 24: Preludio al desastre

    Jack tuvo un escalofrío a las puertas de la ciudad. Notaba la presencia de Sombra más y más cerca, y no estaba seguro de poder hacerle frente solo. Pero si Elsa y el pueblo estaban en peligro (y tenía la seguridad de que así era) debía actuar; hacer todo lo necesario para detenerlo.
La ciudad estaba fría y sombría; enterrada en la nieve. Los muros cubiertos de escarcha dejaban vislumbrar una tenue bruma que acababa invadiendo la escena. De vez en cuando Jack se topaba con una estatua de hielo que gritaba o trataba de huir para salvar su vida. El sol comenzaba a ocultarse y las luces anaranjadas se reflejaban en la nieve virgen.
Cuando llegó al castillo contempló inquieto la barricada de estacas heladas que cortaba el paso al puente de acceso. Ésto, claro está, no suponía ningún problema para él; pero no podía dejar de preguntarse qué había llevado a Elsa a hacer tal cosa. Toda esa gente, la barricada... ¿acaso había perdido el control de nuevo y había vuelto a aislarse? ¿O por el contrario era una medida de seguridad ineficaz para protegerse de Sombra? No se quedó quieto pensando; alzó su cuerpo y, una vez en el patio principal, tras comprobar que la puerta de entrada estaba cerrada a cal y canto, rompió uno de los amplios ventanales del segundo piso.
El castillo no distaba mucho del aspecto que tenía el resto de Arendelle, salvo por que ahí hacía más frío y la bruma era mucho más densa, casi opaca; al menos en los pasillos.
Siguió deslizándose con el aire guiado por su intuición. Un mal presentimiento lo invadió al pararse frente la puerta del gran salón, que estaba entreabierta. Tragó saliva y la abrió con cautela, asomó la cabeza y se horrorizó al ver el museo de estatuas que había en su interior. Y al fondo, casi como un borrón entre la niebla, se alzaba una fina y grácil figura. La presencia de Sombra era más fuerte que nunca, pero el joven se olvidó de todo nada más verla y voló veloz hacia ella exclamando su nombre.
 ¡Elsa!
La reina se giró y esbozó una media sonrisa al verlo. Era consiente de que llevaba un buen rato merodeando por el palacio, buscándolos a ambos. Jack la estrechó entre sus brazos y sintió como si la oscuridad intentara tragárselo. Miró a su alrededor, tomó a Elsa de la mano y la miró a los ojos, los cuales brillaban de forma extraña.
— Tenemos que salir de aquí. Rápido.
Elsa se zafó de la mano de Jack con un gesto elegante y rápido, sin dejar de sonreír.
— Jack... He de confesar que no te esperaba tan pronto – dijo la reina con una sonrisa -. Y, desde luego, nunca imaginé que me darías un abrazo.
La joven comenzó a reír a carcajadas. Jack la miraba confundido; esa presencia siniestra y cercana, esa sonrisa fría, esos ojos inánimes...
— ¿Sombra? - titubeó el muchacho.
— Vaaaya. Eres más listo de lo que pareces. Pero tampoco mucho.
— ¿¡Qué le has hecho a Elsa!? - preguntó apuntando a la mujer que tenía delante con su bastón.
— Solo lo que me pidió – explicó -: Ayudarla a controlar su poder, salvar a su hermana... Ya sabes.
— ¿¡Esto te parece ayudar!? - dijo echando un vistazo al triste panorama que había a su alrededor -. ¡Ella nunca quiso esto! ¡Déjala libre o...
— ¿O qué? - interrumpió - ¿Me matarás? Pff, muy bien – rió entre dientes -. La matarás también a ella. A demás, te recuerdo que ya lo intentasteis una vez y sabéis que soy tan inmortal como cualquier otro guardián. ¿Qué lograrás tú solo?
Jack vaciló. Sabía que Sombra tenía razón: La victoria de hace ochenta años había sido, en realidad, un destierro muy, muy largo al mundo de las tinieblas. Derrotar al miedo era una tarea imposible. Por otro lado, el cómo Sombra había logrado llegar hasta Arendelle era un misterio. Jack nunca había cronometrado el tiempo que tardaban en cerrarse los portales que había abierto para viajar, pero tenía la certeza de que eran a penas unos segundos y en ningún momento sintió su presencia. ¿Y si no había sido consciente y él mismo había trasportado a Sombra? ¿Había condenado a Arendelle por un capricho?
Bajó el arma lentamente.
— ¿Qué es lo que quieres? - preguntó finalmente el muchacho.
— Vivir, Jack. Vivir según mis normas sin guardianes incordiando por cada rincón. Vosotros podéis quedaros con la tierra – se dirigió al trono y se sentó en él -; yo me quedaré con Arendelle.
— No puedo permitirlo.
— ¿Por qué? Ni siquiera perteneces a este lugar – hizo una breve pausa fingiendo pensar - ¡Oh! Espera: ¿es porque tengo a tu querida Elsa? - Jack frunció los labios y en ceño con una mueca de ira, pero no pronunció palabra. Sombra se puso en pie y comenzó a caminar con las manos entrelazadas tras la espalda -. Está bien, te propongo un trato: te devolveré a Elsa sana y salva en cuanto nazca su sobrino, ¿qué te parece?
— ¡¿Qué?! ¿Para qué quieres tú al hijo de Anna? - preguntó incrédulo.
— Bueno. Admito que tanto a Elsa como a mí este asunto se nos ha ido un poco de las manos – explicó señalando a su alrededor -, y por otro lado, eres perfectamente consciente del poder que encierra un corazón puro. ¿Y qué hay más puro que un bebé? - rió y alzó la vista -. ¿Te lo imaginas? ¡Yo; heredero legítimo al trono de Arendelle!
— Un reinado de pesadilla.
— ¡Exacto! Lo intenté con el príncipe ese de las Islas del Sur pero el muy... maldito se resistió: Un bebé no opondrá resistencia – le ofreció la mano - ¿Qué me dices?
El muchacho pensaba con expresión seria y fría. De repente soltó una carcajada y se apoyó sobre su cayado.
Sombra entornó los ojos.
— Respuesta equivocada.
***

— Se ha ido. Lo hemos perdido – farfullaba Bunny sin poder dejar de andar en círculos -. ¡El muy irresponsable dio el anillo de invocación! - se giró a sus compañeros - ¡Si Sombra decide volver ahora estamos perdidos!
— No hay motivo para que vuelva – dijo el hada -, ha pasado poco tiempo desde que le derrotamos.
— No te metas Toothiana, tú ya has hecho bastante.
El hada se alzó y extendió las alas casi involuntariamente dándole un aspecto más amenazador.
— Pues lo siento pero me voy a meter, porque yo también quiero traer de vuelta a Jack.
— Haberlo pensado mejor antes de facilitarle adentrarse en esa misión suicida de ayudar a una niña misteriosa.
— ¡¡BASTA!! - bramó Norte con su chorro de voz más potente -. Discutiendo no vamos a arreglar nada.
 Sandy rotó los ojos en una expresión que gritaba un “y ahora lo dice”.
— Todos queremos traer de vuelta a Jack. Los guardianes necesitamos estar juntos para ser fuertes ¡así que no nos separemos más, por favor!
Hubo un minuto de doloroso y frío silencio.
— ¿Cómo vamos a hacerlo? - preguntó Toothiana.
— No lo sé – confesó el barbudo -. Podríamos usar el portal de la bola para ir a Arendelle, pero sólo hay un anillo para regresar y hacer otro llevaría demasiado tiempo, cuando los cuatro nuevos estuvieran listos podría ser demasiado tarde para Jack.
Toothiana bajó la mirada y la clavó en sus manos. Nunca debía haber ayudado a Jack, pero no tenía sentido lamentarse.
— ¿Si los antiguos podían viajar entre mundos por qué nosotros no? - preguntó el hada casi en un susurro.
El comentario de Toothiana avivó la memoria de Bunny súbitamente. Un detalle básico, una característica propia que había apartado por tanto tiempo que estaba cubierta por una densa capa de polvo en su memoria: el era un conejo Pokka; el encargado de mantener el equilibrio en el espacio tiempo. La sabiduría, poder y conocimiento de su raza estaba guardado en el bastón dorado de los Pokka, guardado durante tantos años que había caído en el olvido... hasta ahora.
— Puede que haya un modo.

***

Por un momento creyó que no lo conseguiría pero por fortuna fue capaz de agazaparse lo suficiente como para deslizarse por debajo de la barricada y así cruzar el puente. Pero la puerta principal estaba cerrada.
— <<Por supuesto. Tenía que haberlo intentado por la puerta de servicio>> - se dijo el príncipe.
Alzó la vista y reparó en una de las ventanas de el segundo piso, una con el cristal roto y que no parecía muy difícil alcanzar. Se quitó los guantes y comenzó a escalar clavando sus dedos en cada pequeño recoveco entre la roca. Cuando llegó arriba la frente le brillaba por el sudor, su piel estaba roja y la respiración era dificultosa. Tubo que hacer una pequeña pausa antes de continuar.
El palacio estaba envuelto en una energía terriblemente turbia. Has sabía que debía tener miedo, pero sentía que en cualquier momento perdería el control sobre sí mismo, como si los tenebrosos pasillos fueran parte de otra de sus antiguas pesadillas.
Comenzó a oír ruidos en la planta baja: cosas que rompían, gritos, carcajadas... Era Elsa, no le cabía la menos duda, debía ser sigiloso y prestar atención al sonido para no cruzarse con ella. Si lo que dijo la criada era verdad y hubo una rebelión, lo primero que debía hacer era comprobar si había prisioneros en las celdas y sacarlos de allí cuanto antes; con suerte la Reina no se había encargado de ellos todavía.

Llegó a las mazmorras y revolvió en la mesa de entrada con la esperanza de dar con la llave, pero allí no había nada más que informes. Se adentró en el largo pasillo y se fue asomando celda por celda: la mayoría de ellas estaban vacías, pero otras contenían cadáveres atravesados con afilados carámbanos de hielo.
— ¿Elsa?
La voz de la princesa captó por completo su atención. Sonaba débil y triste. Aceleró el paso hasta llegar al fondo y allí la encontró; en camisón, tapada con una manta de lana y protegiendo su vientre con las manos. Se puso en pie al verlo llegar y clavó sus ojos hinchados y rojizos en él. Parecía haber envejecido de repente.
— ¿¡Hans!? ¿¡Qué haces tú aquí!?
Pasaron unos segundos de silencio e intercambio de miradas.
— Una criada me encontró por casualidad y me contó todo lo que ocurrió. Estaba preocupado.
Ninguno de los dos dijo nada más.
El príncipe examinó durante un rato la puerta de la celda. Le hizo un gesto a Anna para que esperase ahí. Se fue y volvió con uno de los bancos que había en la entrada. Colocó la pata bajo la puerta de la celda y pidió a Anna que la sujetase. Hans usó todas sus fuerzas para hacer palanca hasta que las bisagras crujieron dejando libre a la princesa.

— ¿Y ahora qué? - preguntó ella tras dejar la puerta en el suelo.
— Te sacaré de aquí. Después... pensaremos en algo más para tu hermana. ¿Y Kristoff?
— No lo sé – titubeó -. Huimos a la montaña tras la rebelión pero había una cosa negra enorme y... - hizo una pausa – de repente me desperté en palacio y vi como esa cosa devoraba a mi hermana por dentro – clavó su mirada en los ojos del príncipe -. No es ella, Hans. Se que suena extraño pero tienes que creerme esa no es Elsa, algo la está controlando o ha hecho que se vuelva completamente loca.
— Te creo. Ella pudo haber hecho esto desde el principio, no tiene sentido que haya regresado justo ahora después de tanto tiempo.
— Ella nunca habría hecho esto, estaba asustada, no quería herir a nadie.
— Haré todo lo que pueda. Te lo prome...
— No – cortó la princesa - . Haremos. No me vas a dejar al margen otra vez: es mi hermana, es mi reino, es mi palacio, mi pueblo y mi familia. Salgamos de aquí – finalizó -. <<Solo espero que Kristoff esté bien>>.

***

Salió disparado por el golpe, rompiendo el cristal de la vidriera principal de palacio. Se mantuvo en el aire todo lo estable que las turbulencias del viento enfurecido le permitieron. No era el mejor momento ni el mejor lugar para una batalla que no estaba a su favor, pero ahora mismo tampoco tenía otro remedio: no tenía modo de regresar a casa, no podía pedir ayuda de ningún tipo y no podía abandonar ni a Elsa y a Arendelle. La figura de la reina no tardó en hacerse visible y se dirigió a Jack irguiendo su cuerpo sobre densa nube de arena negra. El joven retrocedió veloz tratando de guardar las distancias. Sombra se detuvo.
— Si vas a huir hazlo ya, pero no vuelvas por aquí – sugirió cortante la voz de la muchacha.
Jack agarró fuertemente su callado. Frustrado. Trataba de pensar un plan para expulsar a Sombra del cuerpo de Elsa, pero nada se le ocurría y después de eso tendría que pensar cómo deshacerse de él.
El joven notaba como sus fuerzas desaparecían paulatinamente; constante y más rápido de lo que le gustaría. Eso le llevó a pensar que a Elsa quizás le estaba pasando lo mismo.
— ¡¡¡ELSA!!! - gritó Jack, tan alto que desafinaba - ¡¡¡Elsa sé que estás ahí dentro, en algún lugar!!! ¡¡Por favor, lucha y sal!!
La cara de la reina esbozó una sonrisa incrédula que fue seguida de una sonora carcajada que hizo encobrar su cuerpo y que se llevara las manos al vientre. Cuando cejó suspiró con alivio.
— ¿Pero qué haces? No creí que fueras tan necio – confesó -. Ella me dejó entrar por propia voluntad.
— ¡No! ¡Tú la manipulaste! Hiciste que aceptara mediante amenazas y chantaje.
Sombra se encogió de hombros.
— Nimiedades.

Y con un azote de oscuridad y viento helado golpeó al muchacho sin piedad.

sábado, 4 de febrero de 2017

Capítulo 23: El momento incierto antes del reencuentro

   El cielo era gris y el viento soplaba con violencia. Frente a él, la figura de un muchacho rubio y corpulento que contemplaba arrodillado y con impotencia sus manos desnudas, totalmente ajeno a la presencia del extraño joven que tenía delante. Jack se fijó más en él, después de comprender que, de algún modo, había regresado a Arendelle. Era el chico que viajaba con Anna tiempo atrás, y en su dedo meñique ahora descansaba el anillo de invocación que Jack había confiado a Elsa. ¿Dónde estaba ella? ¿Qué había ocurrido? Miró a su alrededor y contempló horrorizado las ruinas que decoraban el escenario en el que se encontraban. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Qué hacía ahí solo ese chico? Deseó con todas sus fuerzas que pudiera verle , oírle o simplemente sentir su presencia; y mientras se concentraba en dicho deseo, su mente detectó algo oscuro.
De repente, el montañero gritó con desesperación haciendo que Jack perdiera el rastro de esa presencia que tan bien conocía y hacía tanto que no detectaba. El hombre se puso en pie, cubrió sus manos con los guantes y montó en en trineo. Una vez más le habría gustado poder hablar con él, pero no tenía tiempo de intentarlo: debía encontrar a Sombra.

***
- Te quedarás aquí hasta que considere oportuno – dijo la reina mientras cerraba la puerta de la celda.
- ¡Elsa! - gritó su hermana desde el otro lado,con los ojos bañados en lágrimas -. ¡Elsa, escúchame! Tú no eres así.
La reina le dedicó una mirada escéptica seguida de una media sonrisa burlona.
- ¿Qué sabrás tú de como soy? Ni siquiera me conoces.
- Te conocí una vez ¿no te acuerdas? Cuando jugábamos juntas cada día – la princesa se agarraba firme a los barrotes e inclinaba su cuerpo hacia delante, como tratando de atravesaros -. Escúchame, ahora sé lo que pasó; lo sé todo, no tienes que ocultarlo. Tenías miedo pero sé que podemos arreglar esto y empezar de nuevo, por favor...
- ¡Calla! No tienes ni idea de lo que he pasado.
El rostro de Anna se llenó de furia.
- ¿¡Y tú qué!? ¿¡Acaso te has parado a pensar por lo que he pasado yo!? Abandonada por mi hermana de un día para otro sin ningún tipo de explicación, preguntándome cada día qué había hecho mal, sintiéndome sola y miserable... ¡Tuve que ir sola al entierro de nuestros padres y dar la cara por ti delante de todo el reino! ¿¡Tienes idea de lo que es eso!? ¿¡O descubrir que te han estado mintiendo toda tu vida!? ¿¡Sabes acaso lo que ocurrió cuando saliste corriendo de tu coronación!?
Anna tenía el rostro teñido de rojo. Sus ojos ahogados miraban con pena e ira a su hermana y por sus labios fruncidos resbalaban mucosidad y lágrimas. Elsa la miraba casi con total indiferencia; Lo que decía no iba dirigido a ella, pues la verdadera reina estaba muy lejos de allí, profundamente dormida en su interior.
- Si no vas a guardar silencio tendré que tomar medidas – respondió fríamente.
La princesa no dijo nada. Se limitó a mirar con impotencia a su hermana mayor; ¿Quién le habría dicho que su mayor deseo desde hace años tendría tan nefastas consecuencias?

De pronto, un escalofrío cruzó la mente de Elsa, dejando su mirada perdida en algún punto del espacio. Una media sonrisa seguida de una ligera y desganada carcajada precedieron sus palabras.
- Ha vuelto.
Y abandonó las mazmorras bajo la atenta y desesperad mirada de Anna.

***
La última caja de ropa de verano había sido guardada en el almacén. Al decir verdad la tienda estaba ahora insultantemenete vacía, pero nadie habría esperado que el reino quedara sepultado en nieve en pleno verano, hecho que por otro lado impedía la llegada de cualquier tipo de mercancía a cualquier negocio.
- Muchas gracias, joven – dijo un hombre alto, corpulento y barbudo con un marcado y singular acento acento -. Por favor, tómate un descanso, Oaken se encargará del resto ¿yah?
En realidad no le apetecía descansar, pero aceptó la petición sin rechistar; Se puso su mejor (y actualmente único) abrigo y salió de la tienda para sentarse en el porche, desde donde pudo ver la tenue figura de la ciudad de Arendelle.
Hans había llegado a la tienda (y sauna) de Oaken tas ser expulsado del reino por su prometida, Anna. Todavía le quedaba mucho para dejar atrás los dominios de Arendelle pero tal y como estaban las cosas no podía arriesgarse a continuar a menos que buscara una muerte segura; Pero una cosa tenía clara, y es que a pesar del tormento y la soledad que en ese momento sentía, y que probablemente lo acompañaría durante mucho tiempo, por encima de todo, quería vivir.
Se llevó las manos a la boca para calentarlas un poco con su aliento mientras contemplaba la ciudad y pensaba de nuevo en todo lo que había dejado atrás. Se torturó una y otra vez por haber perdido de ese modo una vida tan perfecta como la que había encontrado por culpa de una carta. Una carta cuyas órdenes no estaba dispuesto a cumplir. Tal vez en un principio la idea fuera tomar el reino desde dentro, pero no podría haberlo hecho: Amaba a Anna, de eso no tenía la menor duda, y estaba más que dispuesto a pasar su vida junto a ella y la nueva familia que habían empezado a construir.
Pensó en su querida princesa de cabellos cobrizos. En esa babilla que colgaba de la comisura de su labio cada mañana, en como sonreía cada vez que se tumbaba en su regazo para acariciarle el cabello, en su cara de felicidad cuando recibió la noticia del embarazo... Y luego se imaginó a su hijo y todo lo que dejaba atrás. Una vida con la que siempre había soñado: Una familia unida y que se amaba.
- <<Si sólo hubiera conseguido traer a Elsa de vuelta... ¡Tenía que haber ido con Anna desde un principio! ¿¡Por qué no la escuché!? ¡Maldita sea!>>.

En medio de esta tortura, la cual ya no era causada por las pesadillas que había sufrido por las noches en Arendelle, si no por su propia conciencia; Pudo distinguir el la penumbra la figura de lo que parecía una mujer. Calló al suelo con brusquedad y Hans se apresuró haca ella.

Era una mujer joven, quizás aún no había cumplido los treinta, el cabello largo y castaño le caía enmarañado por los hombros y su rostro, helado al tacto, vislumbraba un leve tono azulado que revelaba la crítica situación de la muchacha.
Entró corriendo con ella en brazos e improvisó un lugar junto al fuego apilando mantas y otras prendas. Oaken, al verlo, se apresuró a preparar una sopa caliente para cuando la joven despertara.
***
Pararon tras un cúmulo de rocas altas a descansar. Sven estaba agotado y Kristoff no podría reprochárselo: apenas había comido y lo había forzado de sobre manera para llegar lo más rápido posible a las actuales ruinas de la reina, y ahora pretendía hacer lo mismo para regresar a Arendelle.
No. No podría hacerle eso a su amigo.

Ambos se habían acurrucado el uno contra el otro apoyándose contra la roca fría.
- Lo siento mucho Sven – se disculpó. El reno abrió vagamente uno de sus ojos para mirar a su compañero humano y dar a entender que lo había oído, pero en seguida lo cerró de nuevo -. En realidad no tengo ni idea de por qué volvemos a Arendelle. Esa cosa... eso que se llevó a Anna ¿Crees que tendrá algo que ver con su hermana? - miró a Sven como si esperase una respuesta convincente, pero éste no se inmutó . Se frotó las manos y palpó el anillo bajo los guantes -. Si le ha ocurrido algo a ella o a su hijo... no me lo perdonaré nunca. No voy a parar hasta encontrarla Sven; Tú, si lo prefieres, puedes quedarte en las montañas – el joven miró al cielo con tristeza mientras acariciaba a su amigo -. Al fin y al cabo es donde debes estar, y no al lado de un humano tirando de su trineo.
Pero Sven no respondió. Se había quedado dormido.
Kristoff se puso en pie para cubrir al reno con una manta y, acto seguido, preparó un saco con algunas provisiones.
- Cuando todo esto acabe volveré a buscarte. Te lo prometo.

***
La muchacha había recuperado su color original, e incluso sus mejillas se habían sonrojado gracias al calor del fuego que la acompañaba a su vera. Abrió los ojos lentamente. Al principio sólo había manchas de colores, pero pronto sus ojos de acostumbraron a la luz y vio frente a ella a un hombre sonriente y barbudo.
- La muchacha se ha despertado ¿yah? - informó el hombre -. ¿Cómo te encuentras?
- Bien. Gracias – respondió la mujer llevándose las manos a la cabeza tras incorporarse - ¿Dónde estoy?
- En el puesto comercial (y sauna) de Oaken el trotamundos. Una sauna vendría bien ¿yah?
La muchacha iba a contestar que no tenía tiempo para saunas, pero una voz se sumó a la conversación y se giró para ver al emisor, cuya voz le resultaba terriblemente familiar.
- ¿Cómo se encuentra? - preguntó el príncipe con una taza de bebida caliente entre sus manos.
- ¡Alteza! - exclamó la mujer a tiempo que agachaba la cabeza y hacía una reverencia. Pero Hans pareció ignorar el gesto y puso la taza entre las manos de la joven.
- Bebe, te sentará bien. Luego podrás comer algo.
La muchacha se quedó mirando fijamente la leche humeante, reuniendo el valor suficiente para poder hablar.
- ¿Alteza? - preguntó Oaken sorprendido.
- Alteza. No os acordaréis de mí pero soy la cocinera de palacio, sobrina de la doncella de confianza de la princesa Anna – informó la chica -. Se que habéis sido acusado de traición. Desconozco los motivos pero... por favor, tenéis que regresar – dijo al borde del llanto – la reina ha vuelto y está loca ¡Está convirtiendo a todos en estatuas! Y antes de eso el pueblo se rebeló y tomó el palacio por la fuerza – miró al príncipe a los ojos , entre lágrimas -. Por favor. Sois la única esperanza de Arendelle.