sábado, 4 de febrero de 2017

Capítulo 23: El momento incierto antes del reencuentro

   El cielo era gris y el viento soplaba con violencia. Frente a él, la figura de un muchacho rubio y corpulento que contemplaba arrodillado y con impotencia sus manos desnudas, totalmente ajeno a la presencia del extraño joven que tenía delante. Jack se fijó más en él, después de comprender que, de algún modo, había regresado a Arendelle. Era el chico que viajaba con Anna tiempo atrás, y en su dedo meñique ahora descansaba el anillo de invocación que Jack había confiado a Elsa. ¿Dónde estaba ella? ¿Qué había ocurrido? Miró a su alrededor y contempló horrorizado las ruinas que decoraban el escenario en el que se encontraban. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Qué hacía ahí solo ese chico? Deseó con todas sus fuerzas que pudiera verle , oírle o simplemente sentir su presencia; y mientras se concentraba en dicho deseo, su mente detectó algo oscuro.
De repente, el montañero gritó con desesperación haciendo que Jack perdiera el rastro de esa presencia que tan bien conocía y hacía tanto que no detectaba. El hombre se puso en pie, cubrió sus manos con los guantes y montó en en trineo. Una vez más le habría gustado poder hablar con él, pero no tenía tiempo de intentarlo: debía encontrar a Sombra.

***
- Te quedarás aquí hasta que considere oportuno – dijo la reina mientras cerraba la puerta de la celda.
- ¡Elsa! - gritó su hermana desde el otro lado,con los ojos bañados en lágrimas -. ¡Elsa, escúchame! Tú no eres así.
La reina le dedicó una mirada escéptica seguida de una media sonrisa burlona.
- ¿Qué sabrás tú de como soy? Ni siquiera me conoces.
- Te conocí una vez ¿no te acuerdas? Cuando jugábamos juntas cada día – la princesa se agarraba firme a los barrotes e inclinaba su cuerpo hacia delante, como tratando de atravesaros -. Escúchame, ahora sé lo que pasó; lo sé todo, no tienes que ocultarlo. Tenías miedo pero sé que podemos arreglar esto y empezar de nuevo, por favor...
- ¡Calla! No tienes ni idea de lo que he pasado.
El rostro de Anna se llenó de furia.
- ¿¡Y tú qué!? ¿¡Acaso te has parado a pensar por lo que he pasado yo!? Abandonada por mi hermana de un día para otro sin ningún tipo de explicación, preguntándome cada día qué había hecho mal, sintiéndome sola y miserable... ¡Tuve que ir sola al entierro de nuestros padres y dar la cara por ti delante de todo el reino! ¿¡Tienes idea de lo que es eso!? ¿¡O descubrir que te han estado mintiendo toda tu vida!? ¿¡Sabes acaso lo que ocurrió cuando saliste corriendo de tu coronación!?
Anna tenía el rostro teñido de rojo. Sus ojos ahogados miraban con pena e ira a su hermana y por sus labios fruncidos resbalaban mucosidad y lágrimas. Elsa la miraba casi con total indiferencia; Lo que decía no iba dirigido a ella, pues la verdadera reina estaba muy lejos de allí, profundamente dormida en su interior.
- Si no vas a guardar silencio tendré que tomar medidas – respondió fríamente.
La princesa no dijo nada. Se limitó a mirar con impotencia a su hermana mayor; ¿Quién le habría dicho que su mayor deseo desde hace años tendría tan nefastas consecuencias?

De pronto, un escalofrío cruzó la mente de Elsa, dejando su mirada perdida en algún punto del espacio. Una media sonrisa seguida de una ligera y desganada carcajada precedieron sus palabras.
- Ha vuelto.
Y abandonó las mazmorras bajo la atenta y desesperad mirada de Anna.

***
La última caja de ropa de verano había sido guardada en el almacén. Al decir verdad la tienda estaba ahora insultantemenete vacía, pero nadie habría esperado que el reino quedara sepultado en nieve en pleno verano, hecho que por otro lado impedía la llegada de cualquier tipo de mercancía a cualquier negocio.
- Muchas gracias, joven – dijo un hombre alto, corpulento y barbudo con un marcado y singular acento acento -. Por favor, tómate un descanso, Oaken se encargará del resto ¿yah?
En realidad no le apetecía descansar, pero aceptó la petición sin rechistar; Se puso su mejor (y actualmente único) abrigo y salió de la tienda para sentarse en el porche, desde donde pudo ver la tenue figura de la ciudad de Arendelle.
Hans había llegado a la tienda (y sauna) de Oaken tas ser expulsado del reino por su prometida, Anna. Todavía le quedaba mucho para dejar atrás los dominios de Arendelle pero tal y como estaban las cosas no podía arriesgarse a continuar a menos que buscara una muerte segura; Pero una cosa tenía clara, y es que a pesar del tormento y la soledad que en ese momento sentía, y que probablemente lo acompañaría durante mucho tiempo, por encima de todo, quería vivir.
Se llevó las manos a la boca para calentarlas un poco con su aliento mientras contemplaba la ciudad y pensaba de nuevo en todo lo que había dejado atrás. Se torturó una y otra vez por haber perdido de ese modo una vida tan perfecta como la que había encontrado por culpa de una carta. Una carta cuyas órdenes no estaba dispuesto a cumplir. Tal vez en un principio la idea fuera tomar el reino desde dentro, pero no podría haberlo hecho: Amaba a Anna, de eso no tenía la menor duda, y estaba más que dispuesto a pasar su vida junto a ella y la nueva familia que habían empezado a construir.
Pensó en su querida princesa de cabellos cobrizos. En esa babilla que colgaba de la comisura de su labio cada mañana, en como sonreía cada vez que se tumbaba en su regazo para acariciarle el cabello, en su cara de felicidad cuando recibió la noticia del embarazo... Y luego se imaginó a su hijo y todo lo que dejaba atrás. Una vida con la que siempre había soñado: Una familia unida y que se amaba.
- <<Si sólo hubiera conseguido traer a Elsa de vuelta... ¡Tenía que haber ido con Anna desde un principio! ¿¡Por qué no la escuché!? ¡Maldita sea!>>.

En medio de esta tortura, la cual ya no era causada por las pesadillas que había sufrido por las noches en Arendelle, si no por su propia conciencia; Pudo distinguir el la penumbra la figura de lo que parecía una mujer. Calló al suelo con brusquedad y Hans se apresuró haca ella.

Era una mujer joven, quizás aún no había cumplido los treinta, el cabello largo y castaño le caía enmarañado por los hombros y su rostro, helado al tacto, vislumbraba un leve tono azulado que revelaba la crítica situación de la muchacha.
Entró corriendo con ella en brazos e improvisó un lugar junto al fuego apilando mantas y otras prendas. Oaken, al verlo, se apresuró a preparar una sopa caliente para cuando la joven despertara.
***
Pararon tras un cúmulo de rocas altas a descansar. Sven estaba agotado y Kristoff no podría reprochárselo: apenas había comido y lo había forzado de sobre manera para llegar lo más rápido posible a las actuales ruinas de la reina, y ahora pretendía hacer lo mismo para regresar a Arendelle.
No. No podría hacerle eso a su amigo.

Ambos se habían acurrucado el uno contra el otro apoyándose contra la roca fría.
- Lo siento mucho Sven – se disculpó. El reno abrió vagamente uno de sus ojos para mirar a su compañero humano y dar a entender que lo había oído, pero en seguida lo cerró de nuevo -. En realidad no tengo ni idea de por qué volvemos a Arendelle. Esa cosa... eso que se llevó a Anna ¿Crees que tendrá algo que ver con su hermana? - miró a Sven como si esperase una respuesta convincente, pero éste no se inmutó . Se frotó las manos y palpó el anillo bajo los guantes -. Si le ha ocurrido algo a ella o a su hijo... no me lo perdonaré nunca. No voy a parar hasta encontrarla Sven; Tú, si lo prefieres, puedes quedarte en las montañas – el joven miró al cielo con tristeza mientras acariciaba a su amigo -. Al fin y al cabo es donde debes estar, y no al lado de un humano tirando de su trineo.
Pero Sven no respondió. Se había quedado dormido.
Kristoff se puso en pie para cubrir al reno con una manta y, acto seguido, preparó un saco con algunas provisiones.
- Cuando todo esto acabe volveré a buscarte. Te lo prometo.

***
La muchacha había recuperado su color original, e incluso sus mejillas se habían sonrojado gracias al calor del fuego que la acompañaba a su vera. Abrió los ojos lentamente. Al principio sólo había manchas de colores, pero pronto sus ojos de acostumbraron a la luz y vio frente a ella a un hombre sonriente y barbudo.
- La muchacha se ha despertado ¿yah? - informó el hombre -. ¿Cómo te encuentras?
- Bien. Gracias – respondió la mujer llevándose las manos a la cabeza tras incorporarse - ¿Dónde estoy?
- En el puesto comercial (y sauna) de Oaken el trotamundos. Una sauna vendría bien ¿yah?
La muchacha iba a contestar que no tenía tiempo para saunas, pero una voz se sumó a la conversación y se giró para ver al emisor, cuya voz le resultaba terriblemente familiar.
- ¿Cómo se encuentra? - preguntó el príncipe con una taza de bebida caliente entre sus manos.
- ¡Alteza! - exclamó la mujer a tiempo que agachaba la cabeza y hacía una reverencia. Pero Hans pareció ignorar el gesto y puso la taza entre las manos de la joven.
- Bebe, te sentará bien. Luego podrás comer algo.
La muchacha se quedó mirando fijamente la leche humeante, reuniendo el valor suficiente para poder hablar.
- ¿Alteza? - preguntó Oaken sorprendido.
- Alteza. No os acordaréis de mí pero soy la cocinera de palacio, sobrina de la doncella de confianza de la princesa Anna – informó la chica -. Se que habéis sido acusado de traición. Desconozco los motivos pero... por favor, tenéis que regresar – dijo al borde del llanto – la reina ha vuelto y está loca ¡Está convirtiendo a todos en estatuas! Y antes de eso el pueblo se rebeló y tomó el palacio por la fuerza – miró al príncipe a los ojos , entre lágrimas -. Por favor. Sois la única esperanza de Arendelle.  

domingo, 4 de diciembre de 2016

Capítulo 22: Todos podemos ver el miedo

    Elsa paseaba tranquilamente por el gran salón del palacio, estudiando con detenimiento su nueva y variada colección de esculturas de hielo: La estancia estaba abarrotada y se preguntaba de cuales deshacerse o cambiar de lugar. El gran salón tenía el aspecto de una gigantesca caverna congelada: paredes, suelo, techo, columnas y ventanas estaban cubiertas de hielo y escarcha, condensando el aire frío en toda la habitación y llenando el palacio de bruma.
Una sombra surgió tras ella.
- Te dije que podrías controlarlo, y también que sería increíble.
- Es poderoso y hermoso; Nunca me había sentido tan viva como hasta ahora. Esta fuerza me estaba consumiendo, gritaba por su libertad y ahora parece que no puedo parar: cuanto más lo utilizo mejor me siento – la reina se acercó a la estatua de un guardia y le acarició el rostro con delicadeza -. Es tan placentero... - de repente su rostro sereno cambió llenándose de rabia; Apretó con fuerza la cara del guardia hasta que la escultura se hizo añicos -. Pero Anna no está aquí ¿Dónde está mi hermana, Sombra?
- No lo se, pero puedo averiguarlo si mi reina lo desea.
- Tráela ante mí ¡y ni se te ocurra hacerle daño!
- A sus ordenes.

***
- Anna, no podemos quedarnos aquí, debemos buscar refugio en un reino vecino.
- ¡Al diablo con eso! Arendelle es lo único que me queda y no pienso perderlo ¿No lo entiendes? He perdido a mis padres, a mi hermana, a mi marido... y ahora un reino entero ¡No puedo permitirlo! Elsa me oirá por primera vez en muchos años, tengo mucho que decirle.
- No; No lo entiendo: nunca conocí a mi familia, nunca tuve nada, así que no sé que es perderlo todo. Pero es peligroso Anna, tu hermana está descontrolada, a este paso enterrará todo bajo la nieve, si pides ayuda en otro reino tal vez cedan.
Anna guardó silencio y reflexionó unos instantes. ¿Qué esperaba conseguir regresando a Arendelle? ¿A caso pensaba plantarle cara a todo el pueblo?¿A aquellos que habían intentado matarla? No. Eso no era una opción, era un suicidio. Siendo realista y sensata, se percató de que atravesar las montañas y buscar refugio en un reino vecino era la mejor opción; No la más sencilla, ni la más segura; Pero la mejor.
La princesa bajó la cabeza y apretó los puños.
- Tienes razón – concluyó. - Discúlpame.
- No pasa nada – dijo el rubio, realmente solo por decir algo -. Supongo que es normal. Perder aquello que te importa tiene que ser un golpe duro, por eso no quiero que te pase nada – la princesa alzó el rostro y clavó su mirada en él, confundida. Kristoff solo fue consciente entonces de lo que acababa de decir y trató de remendar la situación ignorando la calidez repentina de su rostro -. Bueno e-eres la primera persona con la que trato tan... profundamente, eso... ¡eso es importante! - Anna arqueó una ceja –. Obviamente tampoco quiero que le pase nada a Sven.
- Obviamente – respondió con una ligera sonrisa. Kristoff desvió la mirada y Anna no pudo evitar soltar una pequeña y tímida carcajada que no parecía tener muchas ganas de salir debido a los acontecimientos recientes. -. Volvamos al trineo. Espero que conozcas el camino hacia donde quiera que vayamos.

La princesa se envolvió todavía más en su triple capa de mantas de lana y giró sobre sus talones para dirigirse al vehículo. Kristoff dudó unos segundos pero enseguida siguió sus pasos mientras jugueteaba con el anillo que descansaba en uno de los bolsillos de su pantalón.
- <<Podría pedirle matrimonio con este anillo, con mi condición es lo mejor a lo que podría aspirar jamás. ¿¡Qué!? ¿Pero en que estoy pensando? ¿Acaso estas loco? Ella es una princesa; Una princesa todavía casada y embarazada, ¡quítate esas estúpidas ideas de la cabeza! A demás ¿qué puedes hacer tú por ella? Te vas buscando la vida como puedes, esa no es vida para ella: Viajar sin rumbo, pasar hambre y frio, dormir bajo las estrellas, oler a reno...>>
- Kristoff.
De pronto el joven despertó de su trance y se topó cara a cara con su compañera, la cual parecía esperar con la mano tendida a que alguien (él) la ayudara a subir al trineo; Tarea que el muchacho cumplió de buena gana. Acto seguido rodeó la estructura de madera para comprobar el equipaje. Cogió tres mantas más: Una la depositó sobre sus hombros, la otra sobre la espalda de Sven, sujetándola bien con en arnés del animal, y la última se la tendió a Anna, la cual aceptó para cubrir sus piernas y vientre.
- Anna. Emm... - se frotó la cabeza y, por algún motivo, eso pareció darle más confianza -. Quería darte algo que he encontrado, pensé que querrías tenerlo.
Bajó la vista ante la mirada curiosa de la princesa, cogió el anillo, y cuando alzó de nuevo sus ojos, éstos solo pudieron fijarse en una sombra amenazante que se acercaba a Anna peligrosamente por la espalda. El rostro de Kristoff se tornó pálido como la nieve virgen que caía a su alrededor, se le formó un nudo en la garganta y fue incapaz de pronunciar palabra. A medida que la sombra se acercaba, el rostro del rubio se deformaba en una mueca de horror.
- Kristoff...
Anna, preocupada, se giró lentamente. Fue grande el impacto visual del blanco níveo del paisaje al la oscuridad más absoluta que halló tras de sí. Sin saber muy bien por qué, alzó la mirada y dos luces áureas y frías como en metal se clavaron en ella probocándole una desagradable sensación, como si mil alfileres penetraran en su cuerpo.
- ¿Qué eres...? - logró titubear tras un gran esfuerzo.
- Tus peores temores, princesa.

***
- Jack, Toothiana, lo que nos pedís es un despropósito.
Y con estas palabras el conejo pooka dio por zanjado el asunto.
Todos los guardianes estaban reunidos en la inmensa y colorida madriguera de Bunny. Como cada año, preparaba la pascua con meses de antelación; Al igual que en la guarida de Norte y en la de Toothiana el trabajo no cesaba jamás.
- ¿Y ya está? - se quejó Jack -. Vengo aquí a disculparme y a tratar de hacer las cosas del modo correcto ¿y eso es todo lo que tienes que decirme? ¿Qué no puedo despedirme como es debido?
- Me parece que todavía no lo entiendes ¿que hacemos si se cuela una amenaza? - inquirió Norte.
- Pues combatirla, como hemos hecho siempre.
- ¿Y si sombra logra colarse en la distorsión? - el conejo parecía fruncir más el ceño con cada palabra - ¿Vamos a desatender nuestros deberes para ir a salvar otros mundos? Mundos con otro tiempo, a demás.
- ¡Maldita sea Bunny, eres un Pokka! ¿Quieres que me crea que solo tienes tu poder para ver acontecimientos pasados? ¿Eso es todo lo que se ha dedicado a hacer tu raza durante años? Revivir la historia como una película hiper-realista no parece muy útil.
- Es muy útil – respondió lentamente y tratando de contener su genio -. Sirve para aprender de los acontecimientos pasados, cosa que por cierto no pareces hacer nunca.
Jack empezaba a exasperarse. La tensión en su mandíbula lo confirmaba.
- Chicos, por favor – intervino el hada -, solo os está pidiendo unos minutos, estaremos alerta por si algo sucede. Elsa es la otra mitad de Jack; separarlos ya es cruel pero negrales una despedida es cruel y egoísta.
- ¿¡¡Egoísta!!? - bramó Norte - ¡¿Te parece egoísta querer proteger la Tierra de amenazas externas?!
- Egoísta es lo que vosotros pedís – continuó Bunny -. Y una estupidez, si se me permite añadir.
- Así, con tacto – farfulló el hada.
- ¿Sandy?
Jack se giró hacia su compañero buscando apoyo y un desempate.
El hombrecillo dorado, agradecido de que alguien le hubiera cedido la voz, comenzó a formar símbolos de arena sobre su cabeza. Todos los guardianes lo observaban con atención; Excepto Jack, pues ya no estaba ahí.

***
La reina recorría impaciente la habitación, clavando con sólida determinación sus tacones en el suelo cubierto de pedazos de hielo que semejaban cristales.
Elsa había estado inquieta desde la partida de Sombra. Algo en su interior parecía retorcerse como una una lombriz en un anzuelo perturbando su ser. Tal vez la preocupación por el paradero del caballero oscuro y su hermana, o quizás la conciencia de su parte perdida.
Fuera cual fuere, la soberana había matado el tiempo redecorando el gran salón, lo que implicaba la destrucción de alguna de las estatuas que lo poblaban.
El duque y sus guardias fueron unas de ellas.
Sombra le había contado todo lo ocurrido en Arendelle tras su marcha; cómo el pueblo se organizó bajo el mando del duque de Weselton y lograron colar rebeldes en el ejercito real para intentar acabar con su vida, y también todo lo que le ocurrió a su hermana. Lo que no le contó fue que todo ese terror descontrolado lo había avivado él.

La impaciencia se apoderaba cada vez más de ella, y cuando se plantó frente a la estatua de una criada dispuesta a amainar su nerviosismo, la puerta de abrió de par en par removiendo la espesa neblina que cubría todo el palacio.
Sombra entró con una Anna inconsciente entre sus brazos.
Al verlo, la expresión de la reina reflejó un profundo alivio y recogió su larga falda de plata y azul para correr junto a su hermana. Tomó el rostro de Anna entre sus manos acariciándolo con delicadeza y, cuando se aseguró de que estaba ilesa, se dirigió a Sombra.
- Llevémosla a su alcoba. Necesita descansar.
<<No te preocupes, Anna, por fin podremos estar juntas de nuevo>>.

Atravesaron los largos pasillos y escaleras hasta llegar a los aposentos de la princesa. Una vez allí, Sombra la depositó sobre la cama bajo la atenta mirada de Elsa.
- Tu hermana – comenzó con una macabra sonrisa en su rostro sin separar la mirada de Anna – tiene una fuerza extraordinaria. Puedo sentir su miedo y su dolor... Y su corazón puro.
Por algún motivo, esas palabras hicieron que la reina se estremeciera de pies a cabeza.
Tuvo un horrible presentimiento; Ya no se sentía tan segura como hace unos segundos.
- ¿Qué ocurre? ¿Te ha comido la lengua el gato?
- Aléjate de ella.
Sombra no pudo evitar soltar una carcajada.
- Primero me mandas ir a por ella, y ahora me pides que me alejé.
- ¿Qué quieres de ella? … o de mí.
La sombra entornó los ojos y esbozó un media sonrisa.
- Una chica lista. Verás: Un corazón puro es la fuente de poder más poderosa que puedas imaginar, y por desgracia yo ya no soy el que era. Quiero recuperar mi antiguo esplendor y ¿por qué no? Vengarme de los guardianes. Pero antes de eso, tengo todo un mundo por descubrir.
- ¿Qué le vas a hacer?
- Oh, nada, tranquila: No sufrirá, es un proceso indoloro. Al menos para mí. Solo tiene que aceptarme como huésped.
- Dijiste que mi poder era extraordinario, en ningún momento mencionaste a mi hermana.
- Y lo es. El problema es que es demasiado fuerte y en mi estado solo podría hospedarme si tu me lo permitieras. Pero no vas a hacerlo.
Un repentino dolor de cabeza hizo que la reina cayera de rodillas al suelo soltando un grito de dolor. Se agarró el cráneo con las manos, como si eso pudiera ayudar a calmar el dolor. Las voces en su interior parecían gritar más y más. No podía entender una palabra, pero el tono de dolor era evidente para ella.

Cuando el dolor cesó alzó lentamente la vista, encontrándose con los fríos ojos áureos que la observaban fijamente.
- ¿Qué... me has echo? - preguntó la reina, pálida, siendo consciente por primera vez de lo que había hecho desde que regresó a Arendelle.
- Yo no te he echo nada, solo te he abierto la puerta para que hicieras lo que siempre has querido.
- No, te equivocas, yo nunca quise esto.
- ¿No? ¿A caso no querías controlar tu poder? ¿A caso no querías vivir libre sin tener que ocultar tus poderes y no tener que preocuparte por el qué dirán y sin responsabilidades? - hizo una breve pausa y sonrió -. Ahora no podrán decir nada.
- ¡He llevado el reino a la destrucción!
Sombra soltó una sonora carcajada.
- Eso lo hiciste antes de conocerme, justo cuando saliste corriendo y te refugiaste en ese palacio de hielo con tu querido Jack. Pero es más fácil echarle la culpa a los demás ¿no?
Elsa no sabía que decir. Seguía tendida en el suelo, incapaz de respirar con normalidad y a punto de estallar.
Otro fuerte dolor de cabeza le hizo gritar. Miedo, odio, amor, ira... Sus sentimientos formaban remolinos nublando su mente, y las voces gritaban desesperadas por salir de allí. Durante un segundo le pareció volver a sentir la fuerza que había sentido antes, pero de repente se volvía a sentir dedil, insegura e indefensa.
Solo quería gritar.
- Elsa...
La reina alzó la vista con dificultad y pudo ver a su hermana sentada en la cama. Perpleja y desorientada; con el rostro pálido y el miedo en su rostro.
- Anna...
- Bien venida, princesa.
Sombra se giró y se dirigió hacia la joven de pecas, la cual se paralizó por completo al contacto con sus ojos.
- Elsa... ¿qué está pasando? - logró preguntar -.
Cuando Sombra estuvo a punto de rozar el rostro de Anna con sus dedos, Elsa logró concentrar todas sus fuerzas para abalanzarse sobre él. Forcejearon unos instantes pero la reina enseguida calló al suelo de espaldas.
- ¡¡No!! - gritó. Sombra se detuvo y se volvió hacia la reina -. Tómame a mí. Puedes quedarte mi poder si quieres pero no hagas daño a Anna.
- ¿No te resistirás? - preguntó con una tétrica sonrisa.
- No. Siempre y cuando me prometas que Anna no sufrirá ningún daño.
- Hecho.  

sábado, 3 de diciembre de 2016

Abro paréntesis, cierro paréntesis + Nueva encuesta

   ¡Hola queridos lectores!
   Hacía mucho tiempo que no me dirigía expresamente a vosotros. De hecho, hacía mucho tiempo que no publicaba nada en este blog (tres meses, aprox). ¿Por qué? ¿A caso dejaré de escribir este fanfic? ¡NO! Rotundamente no, y menos cuando estamos tan cerca del final.

   La cuestión es que terminado el mes de septiembre una gran pesadumbre se apoderó de mí. Llamadlo pereza, llamadlo estrés, llamadlo ansiedad o crisis existencial. El caso es que no estaba en mi mejor momento y desde luego no se me pasaba por la cabeza la idea de ponerme a escribir, y las veces que ocurría me apetecía más continuar 2nd Generation, por ser mucho más desenfadado.
   He cambiado algunas cosas en mi vida, mientras que una minoría de ellas siguen exactamente igual. Lo realmente importante es que, tras superar distintas fases de este "camino" (por llamarlo de algún modo), siento la cabeza más amueblada y estable, lo cual me ha hecho recuperar las ganas de escribir. ¡Espero que dure!

   Disculpad esta ausencia y muchas gracias a aquellas/os que me habéis mandado mensajes preguntando por el fanfic y por mí, especialmente Yuidela_Arendell y AngielineArendelle; Estoy realmente agradecida ^^


   Dicho esto me gustaría abrir una nueva encuesta para saber, como siempre, vuestra opinión respecto a la historia, pues he visto varios vídeos sobre el tema esta semana y una duda ha surgido en mi interior, así que la pregunta es: ¿Os parece dependiente la relación entre Elsa y Jack? No tengáis miedo a contestar, quiero vuestra más sincera opinión. Y, si alguien quiere a demás justificar su respuesta en los comentarios (cosa que me encantaría) es libre de hacerlo. 
   Como de costumbre la barra de encuestas está debajo de la imagen de Jack, a la derecha. 

   Creo que no tengo nada más que decir. Muchas gracias por estar ahí, si no fuera por vosotros probablemente me habría desanimado y no habría llegado tan lejos con esta historia. 
   El capítulo 22 está casi terminado por lo que espero no tardar mucho en subirlo.

   ¡Un saludo y hasta la próxima! 

jueves, 1 de septiembre de 2016

Capítulo 21: Conmoción

    Toothiana abrazaba a su amigo níveo como si tratara de protegerlo; No se había levantado del suelo y estaba más pálido de lo normal. Sus ojos parecían perdidos en el vacío mientras su mente intentaba aceptar la situación.
- Lo siento, Jack -dijo Bunny con un hilo de tristeza y arrepentimiento en su voz -, pero era necesario hacerlo. No devemos viajar entre mundos , y mucho menos los mortales: no sabemos como podría repercutir.
- ¿Pero si antes podíamos hacerlo por qué ya no? - preguntó el hada - ¿Qué ocurrió para que perdiéramos ese poder? ¿Quién nos prohibió viajar entre mundos? ¿Fue la Luna?
Sandy pareció interesado en responder a la pregunta, pero su iconografía no quedó del todo clara para Toothiana y para Jack. Norte se frotó el entrecejo fruncido, y entonces Bunny comenzó a hablar.
- Como ya sabes, los antiguos guardianes intentaron eliminar las pesadillas de este mundo. Para ello crearon una prisión especial oculta en el centro del universo. No tardaron en darse cuenta de que las pesadillas no sólo habitaban el la Tierra y guardianes de otros mundos se unieron a la causa: Uno de ellos era Sombra, quien se ofreció voluntario para custodiar la entrada de la prisión. Pero tuvo un segundo de debilidad en su vigilia y abrió la puerta; Eso fue suficiente para que todas las pesadillas se apoderaran de su cuerpo y de su alma.
- ¿Sombra era un guardián? - preguntó Jack incrédulo y todavía algo aturdido.
- Si. Y uno de los mejores – asintió.
>> Las pesadillas convirtieron a Sombra en su rey, concentrando en él todo el poder: Allí donde Sombra vaya irán las pesadillas y su reinado de terror. No es que hayamos perdido la capacidad de viajar entre mundos, simplemente no lo recordamos o no sabemos como hacerlo. Esto excluye a los conejos Pokka, ya que somos los responsables de mantener en orden el espacio tiempo. Pero si se volvieran a abrir rutas entre mundos Sombra podría acabar en uno de ellos y si no tienen guardianes están condenados. Del mismo modo, una amenaza externa podría acabar en la Tierra.
>>Alterar la realidad de los mundos es como alterar un ecosistema, pero a mayor escala. A demás, como bien sabéis, los guardianes no podemos entrometernos en la vida de los humanos, y mucho menos si son de otro mundo, pues con ello estaríamos alterando también su realidad. Sin mencionar el riesgo que corremos si nadie cree en nosotros.

Jack quedó unos segundos con la mirada perdida; Eran demasiadas cosas para asimilar y su mente parecía esforzarse por centrarse únicamente en Elsa y su repentina desaparición. Estaba tan frustrado, dolido y enfadado que sentía que en cualquier momento podría abalanzarse sobre sus amigos.
Con la revelación de Bunny todavía rondando en su cabeza, dedicó una mirada de odio a sus compañeros, les dio la espalda y se alejó de aquel lugar con un soplo de aire gélido.
Toothiana miró a sus compañeros con una expresión seria poco alentadora.
- Ni siquiera habéis dejado que se despidieran.

***

Jack dejó salir de su interior un profundo grito que resonó en el inmenso y blanco vacío de las tundras de Alaska y comenzó a golpear el aire con su callado como si estuviera luchado contra un millar de enemigos invisibles que lo rodeaban. Quería liberar toda su energía hasta caer al suelo exhausto y no pensar en nada. Pero eso era muy improbable, puesto que su energía en la Tierra era prácticamente ilimitada.
Continuó así hasta que oscureció por completo y se quedó observando la Luna que coronaba el cielo estrellado, en silencio.
- ¿Era ella? - peguntó el muchacho - ¿Era ella la persona por la que tanto he rogado? ¿Si es así por qué tenemos que estar separados? ¡¿Por qué después de conocerla y sentirme al fin completo tengo que separarme de ella?! ¡No lo entiendo!
El eco de sus palabras sólo dio lugar al silencio.
- ¡Responde! ¿¡Por qué nunca me respondes!?
Tras varios minutos de silencio una voz difusa, cordial y etérea resonó en su mente.
- <<Tu alma, tu ser... está roto, fragmentado>>.
- ¿Qué quieres decir?
No hubo respuesta.
- ¿Estoy destinado a “vivir” incompleto?
Una brisa helada golpeó el rosto de Jack meciendo sus cabellos. Miraba a la Luna con decisión y rabia esperando una respuesta. Si fuera una persona la habría zarandeado y golpeado hasta que no pudiera más.
- Gracias – dijo finalmente con sarcasmo y el ceño fruncido.

***

El pueblo saqueaba la despensa real mientras el duque de Weselton examinaba las habitaciones.
La primera fue el gran salón, donde halló los informes del príncipe Hans y la carta que lo marcaba como traidor. La siguiente fue la habitación de la antigua reina, Elsa, la cual decepcionó profundamente al hombre, pues esperaba encontrar información sobre los poderes de la muchacha y sus malévolas intenciones; En su lugar sólo halló un par de diarios que reflejaban un profundo anhelo y melancolía, matizadas con una mirada un tanto fantasiosa de la realidad en la que un chico mágico desaparecía para siempre al otro lado de la ventana. Finalmente llegó a la habitación de Anna. En ella encontró los diarios del tutor de Elsa. Se sumió por completo en la lectura, llegando casi a rozar las páginas con su prominente nariz, esperando encontrar algo que inculpara definitivamente a la reina y su familia. Pero no encontró nada, y tras terminar la lectura arrojó los diarios al fuego y se deleitó viéndolos arder, mientras planeaba su próximo paso para hacerse con el control del reino.

Un ligero crepitar a su espalda hizo que se liberara de su trance y apartase la vista de las llamas. Cuando se giró observó horrorizado como la ventana estaba completamente cubierta de escarcha y los muros y suelo de la estancia comenzaban a congelarse.
Salió corriendo de la estancia, quedando boquiabierto al comprobar que el pasillo estaba completamente congelado, con largos y puntiagudos pinchos que surgían de las paredes, suelo y techo. Se acercó a la ventana y ahogó un grito de terror cuando vio avanzar entre la tormenta a una figura familiar de cabello plateado y una larga capa ondeando al viento.

***

- Jack... - suspiró Toothiana mientras paseaba entre los millares de estanterías que guardaban los dientes de los niños.
Deseaba volar al lado de su amigo y decirle que todo iba a salir bien, pero conocía a Jack, y sabía que en esos momentos necesitaba estar sólo para calmarse o podría acabar tomándola incluso con ella.
Inconscientemente había terminado en la sección J del almacén de dientes . Se preguntaba a si misma si en los recuerdos de su amigo habría alguna pista sobre el permanente anhelo que sentía: Si había un modo de ayudarle lo encontraría. Para los niños los dientes que ella recogía eran simples recuerdos, pero para ella eran mucho más. Podía revivir la vida entera de los dueños de esos dientes. Podía vivirla como si fuera la suya propia y experimentar las mismas sensaciones; Solo había un problema: Estaba prohibido.
Se detuvo frente a la caja de Jack y se mordió el labio inferior dudando de su propia idea y cuestionándose los dogmas de los guardianes. No le gustaba la idea de espiar el pasado de Jack, y mucho menos de volver a experimentar la muerte. Sus alas y las de sus pequeñas compañeras emitían un molesto zumbido al que ya se había acostumbrado hace tiempo pero que en ese instante no le dejaban pensar con claridad. Miró a sus amigas, que piaban nerviosas y la observaban con ojos tristes y llenos de preocupación; Algunas negaban con la cabeza, y otras parecían animar al hada con un gesto de manos.
Cerró los ojos, respiró profundamente y tomó la caja entre sus manos con decisión.

***

Jack había regresado a su cueva y acariciaba sin ganas los bordes de la corona que había hecho para Elsa. Tenía los labios y el entrecejo fruncidos y la cara y los ojos rojos de llorar de rabia e impotencia. Tendría que volver a su “vida normal” con el recuerdo de Elsa a sus espaldas, y pensar en ello le dolía.
- <<Necesito verla una vez más - pensó -, antes de que se marche para siempre>>.
Decidió ir a ver a Bunny y los demás para hablar de manera civilizada y aceptar la realidad. Si tan peligroso era, estaba dispuesto a separarse de ella, pero antes de eso quería despedirse. Confiaba en que no se lo podrían negar.
Al apoyar su mano en el suelo para levantarse, sus dedos rozaron con algo áspero y rugoso. Cogió el papel doblado y al abrirlo descubrió la perfecta caligrafía de Elsa, con su firma al final y un “Querida Anna” como título. Volvió a doblar la carta y se la guardó en el bolsillo, recordando que despedirse de la reina de Arendelle no era su única tarea pendiente.
Cuando finalmente se puso en pié oyó como un aleteo inquieto y veloz se acercaba a él.

- Hada, ¿qué haces aquí? - Jack observó a su amiga: parecía nerviosa. Su rostro denotaba preocupación y estaba pálida.
- Jack, lo siento, te juro que no tenía mala intención, sólo quería ayudar – hablaba muy rápido y gesticulaba más de lo normal. A pesar de ello parecía agotada -. He visto tus dientes. O sea, no tus dientes: tus recuerdos, tu vida. Y he descubierto algo.
- Hada, relájate, estás muy alterada, me das miedo, tienes ojos de loca.
Toothiana respiró hondo y trató de calmarse. Tras unos segundos comenzó a hablar.
- Cuando te estabas muriendo ahogado y congelado en el lago, una parte de ti todavía estaba consciente cuando comenzó la transformación en guardián. Y, cuando perdiste finalmente la vida, esa parte de ti se perdió. Estás incompleto Jack.
- Incompleto... - aquella era la misma palabra que usó la Luna -. ¿Crees que...?
- Elsa podría ser esa mitad que se perdió – completó Toothiana.
Ambos guardaron silencio unos segundos mientras Jack asimilaba la información.
- Quiero volver a verla. Aunque sólo sea para decirle adiós.
- Eso sería una insensatez – respondió cortante -, pero desde que te conozco se que de vez en cuando no hacen daño – sonrió -. Cuenta conmigo. Y si sombra se presenta ante nosotros le patearemos el trasero – a Jack se le iluminó el rostro al escuchar las palabras de su amiga -. Hablaremos con los demás, y si no atienden a razones debemos recuperar la bola de cristal antes de que la destruya, y los anillos.
El rostro de Jack perdió el color de nuevo al escuchar la palabra anillos. No lo había recordado hasta aquel momento, pero le había dado el anillo de invocación a Elsa, y si ahora lo invocaba, no podría regresar.
- Mierda.

***

Aunque la tormenta no era tan fuerte en lo alto de la montaña, Anna tenía la sensación de que el viento quería deshacerse de ellos y de cualquier incauto que decidiera llegar a la cima. Sentía el rostro paralizado por las bajas temperaturas y el constante azote de la ventisca.
- Es como si el palacio hubiera desaparecido – afirmó Kristoff -. Debería estar por aquí cerca, pero no hay rastro de las torres.
- Lo siento... - dijo la princesa arrepentida y con melancolía en su voz -. Ha sido idea mía, siempre lo fastidio todo, y ahora por mi culpa vamos a morir aquí.
Kristoff le ordenó a Sven que frenara. Se volvió hacia Anna y la agarró por los hombros firmemente.
- Anna, mírame: No vamos a morir aquí. No voy a permitir que te pase nada ¿Me oyes? Tú no tienes la culpa de nada.
- ¡Si que la tengo! ¡Yo soy la culpable de que Elsa se descontrolara en la coronación, y todo por un hombre al que acababa de conocer! ¡Soy una estúpida!
Anna se llevó las manos al rostro y comenzó a llorar. Sus lágrimas estaban calientes en comparación con su rostro, y eso le provocaba cierta sensación de alivio, aún cuando sus lágrimas se convertían el hielo al bajar por sus mejillas.
Kristoff abrazó fuertemente a la princesa y depositó un suave beso en su cabeza para después acariciar delicadamente su pelo.
- Kistoff... ¿Por qué cuidas de mí?
Esa pregunta tomó por sorpresa al montañero. No tenía claro por qué lo hacía, simplemente quería hacerlo; Todo comenzó cuando trataba de convencerlo para que la escoltara a la montaña del Norte y sufrieron un accidente con el trineo. Entonces Anna le había prometido uno nuevo y él se vio obligado a cumplir los caprichos de la princesa. Más tarde tuvo que regresar con ella a Arendelle y el príncipe Hans lo había acogido en palacio. Fue entonces, al quedarse, cuando Anna empezó a solicitar su compañía, y sin darse apenas cuenta estar con ella se había convertido en una agradable costumbre; Se había encariñado con la princesa, no podía negarlo. Y también algo más.
- Quiero hacerlo – respondió finalmente el joven tras unos segundos de reflexión -. Me gusta verte feliz. De algún modo... me hace sentir bien.
Anna sintió que se le aceleraba el corazón y una agradable calidez invadía su cuerpo sonrojando sus mejillas. Si darse cuenta esbozó una leve sonrisa en su rostro: De algún modo aquellas palabras le habían levantado un poco el ánimo.
- Debemos continuar. Estoy seguro de que no estamos lejos.
La princesa asintió con la cabeza y al poco reanudaron la marcha.
No pasó mucho tiempo hasta que lograron distinguir una estructura irregular entre la nieve y, al acercarse, descubrieron horrorizados que se trataba de las ruinas del palacio de hielo. Anna se llevó las manos a la boca, temiéndose lo peor. Kristoff, por su parte, bajó de trineo e inspeccionó la zona.

Tras patrullar varias veces los alrededores no se topó con nada interesante: Todo a su alrededor eran escombros, hielo y nieve, y sobretodo no había rastro de la reina. Se giró y no muy lejos de allí pudo ver a Anna, todavía en el trineo, envuelta con varias capas de matas gruesas de lana. Decidió dar otra vuelta más para intentar encontrar alguna pista de lo que había ocurrido allí y, en caso de no hacerlo, acondicionar alguna zona para refugiarse y descansar.

Mientras recogía restos de estructuras para tratar de apilar cerca de un hueco entre unos escombros para frenar la entrada del viento, algo llamó su atención: Allí, entre la pureza de la nieve, un pequeño pedazo de cristal pulido reflejaba la poca claridad que había haciéndolo brillar. Cuando el muchacho se acercó a recogerlo, descubrió para su sorpresa que se trataba de un anillo sencillo y trasparente. Probablemente había pertenecido a la reina, por lo que creyó conveniente entregárselo a Anna. Pero lo guardó en uno de sus bolsillos: Antes necesitaban descansar.